09 septiembre 2014

Resiliencia

 

Algunas personas tienen la capacidad de superar las peores situaciones, mientras que otras, quedan atrapadas en las garras de la miseria humana y se empijaman, a veces, para todo lo que les resta de vida.

Por qué ciertos individuos son capaces de levantarse después de un trauma y otros permanecen sumidos en la falta de fuerza de voluntad y sin poder continuar su camino?

Hay algunas explicaciones científicas para este hecho. Según la biología, el potencial genético de todo ser humano es diferente, algunas personas son más resistente que otras, de acuerdo con la psicología, las relaciones familiares, especialmente en la infancia, definen la capacidad del individuo para resistir ciertas crisis y superarlas, conforme la sociología, la influencia del medio ambiente, la cultura y las tradiciones contribuyen para sobreponerse a la adversidad y para la teología, la condición humana y la necesidad del sufrimiento, como un factor de la evolución espiritual, hacen sobreponerse a la adversidad.

En la vida cotidiana de quien tiene un trauma, la realidad lo hace pasar por el valle de los misterios, donde hay muchos personajes que no sabemos si son de ficción o no, son hombres, mujeres, niños, ancianos, con razones suficientes revolcarse en el caos, sin embargo, son capaces de seguir una vida de calidad, sin auto castigo, sin destruir la resignación que renace de los escombros.

Si bien la resiliencia es un término proveniente de la astronomía, donde define la capacidad de los planetas para resistir a los choques, este vocablo ha pasado a ser de dominio público y en la actualidad representa la capacidad de un ser humano para sobrevivir al trauma, la resistencia del individuo frente a la desventura, no sólo guiados por una resistencia física, sino por una visión positiva de reconstruir sus vidas, a pesar de un ambiente negativo y del estrés social, que influyen sobre su regreso a la vida.

Uno de los factores principales para superar la tormenta es el apoyo y la atención de la esposa, familia y amigos. La participación de ellos es esencial para dar ese salto cualitativo. La resiliencia es en realidad, el resultado de la unión de la ciencia y las interrelaciones humanas para encontrar una oportunidad de vida, cada día..

23 febrero 2014

El Edificio más alto del mundo


El teléfono tocó y una voz femenina muy cansada susurró: “el Jefe se encuentra aquí, señor”

Entró por la puerta con autoridad, me miró, muy convencido de su petición y me dijo: “Tiene que ser el más alto…” Claro que sí! le respondí, estamos trabajando en eso, señor. 

No había en la época, una construcción habitada más alta de 1,228.00 m con 236 pisos, pero el dictador de ese país quería una torre que llegara más alto, que tocara el cielo. Somos en la actualidad, 15 billones de habitantes y existen ciudades con hasta 112 millones de seres humanos, sin contar con las mascotas, claro está. Hemos crecido 40 veces de lo que teníamos en el Siglo XXI.

Los recursos naturales son muy valorizados y existen más de 7000 mil rascacielos en una ciudad mediana. Para tornar los servicios básicos, como agua, luz, teléfono, etc., accesibles a todos los urbanoides, y considerando la plusvalía de los terrenos vírgenes, las ciudades se desarrollaron también verticalmente.

Los Jefes de Estado actuales, se dieron cuenta muy tarde de que lo que afectaba a los países pequeños, se replicaba con mayor intensidad en los países “galácticos”. Ahora, el racionamiento de la lluvia se ha restringido a los países que están en época de verano. El agua, el sol y el viento, son los mayores bienes que una nación puede contar.

En la Liga Galáctica, hay ocho naciones que mantienen una reserva considerable de energía renovable y deciden como distribuirla, conforme a sus intereses, obviamente.

Me entretuve toda la semana en este reto. Cómo realizar algo diferente en esta selva de rascacielos, separados apenas por centímetros en algunos casos. No había salido humo blanco todavía. Revisando mis libros, encontré uno donde hablaba de la belleza, extinta de la Tierra algunas décadas atrás.

Tuvo que ser sacrificada para darle paso a la racionalidad. Sin embargo, la creatividad se reproducía exponencialmente. Era parte del día a día de la familia terrestre. Los valores ahora, son en función de las minorías, como los discapacitados: ciegos, sordos, miembros inferiores, miembros superiores, etc., prácticamente, actualmente en pleno Siglo XXX un miembro en cada familia tiene alguna incapacidad.

Probamos todas las alternativas estructurales posibles para conseguir que un edificio “llegara al cielo”, sin embargo, no podíamos superar los edificios existentes, faltaba una nueva forma de ver las cosas, las mejores soluciones son siempre las más sencillas.

El dictador dio un plazo impostergable: en tres días quería ver el edificio. La presión psicológica acostumbra ser un elemento detonante para tomar acción. Nos pusimos a trabajar en algo que era imposible, aparentemente.

Llegado el día y la hora, no tardamos mucho en llegar al sitio escogido. Escoltados por naves espaciales y motocicletas magnéticas, apartando del camino cualquier obstáculo, atravesamos la ciudad directo al las reservas naturales, reducidas a un 10% de tierra firme del globo.

Eran las 11:00 pm, con el cielo totalmente despejado, acompañados por Orión en el horizonte y divisando la mancha urbana de la Luna, convertida en planeta dormitorio. Estacionamos frente a un valle, que se divisaba desde lo alto y tomamos un control remoto.

El dictador buscaba la edificación por todos lados, miraba hacia el cielo, hacia los lados, al valle, en fin, y se estaba poniendo furioso, entre tanto, me concentre en revisar los circuitos una vez más, para asegurarme de que todo estaba en su lugar.

Antes de que estallara en cólera el megalómano, apreté el botón de encendido del control que estaba en mis manos y simultáneamente, más de doce mil reflectores de 3 KVa de potencia cada uno, clavados en el suelo, formando un cuadrado perfecto en planta, se iluminaron, haciendo llegar al cielo un paralelepípedo de luz, con una visión asombrosa desde el punto que estábamos apreciando el espectáculo.

Las personas que nos acompañaban, no dijeron una sola palabra. Admiraban la edificación más alta del mundo. El cielo estaba ahora al alcance de nuestras manos, pasó a formar parte de la ciudad, sin embargo, no podíamos tocarlo. Ironías de la vida.

22 febrero 2014

Lecciones del Tiempo


Vivir, sin duda alguna es un privilegio y quien ha vivido un par de años, sabe que ese privilegio es caprichoso. Alguna otra gente le llama lecciones de vida. Prefiero pensar que es una mezcla de nuestro libre albedrío con la voluntad celestial. Son tan inesperados estos caprichos, que a veces se instalan como un bote de suero, otras veces son como un torbellino en alta mar. 

Por eso, quien tiene el privilegio de vivir, ve como las urgencias se extinguen, siente como el fuego se tranquiliza y escucha cómo sus pasos ágiles se transforman en el ruido de ruedas bien aceitadas. Todo cambia, cambia la gente, cambia la familia, cambian los amigos, en fin, sólo el tiempo permanece igual: siempre cambiando, dejando rastros imborrables en mi cuerpo. 

13 noviembre 2012

Tengo esclerosis múltiple o no?

Tener o no tener esclerosis múltiple no es la cuestión, saber que tengo una enfermedad progresiva desde hace siete años que ha ido haciéndome, cada vez más, una persona discapacitada, reduciendo mi movilidad, es lo que importa. He tenido que renunciar a la persona que fui, a actividades profesionales y domésticas que configuraban mi personalidad y daban sentido a mi vida.


El problema es que mi propio cuerpo se ha vuelto contra mí.  La enfermedad hace parte de mí día a día. Es inseparable y la verdad es difícil convivir con ella. Por muchos años la realidad fue vista como una sustancia. Se siente. Se toca. Estoy de acuerdo.

Considero un éxito no arrastrar a los demás con mi situación. Puede ser que haya bajado la guardia, pero no será consecuencia de la enfermedad? Ese círculo vicioso, de no hacer y no mejorar, claro que me gustaría quebrarlo, pero la pregunta es cómo? Si a veces levantarme de la cama es un logro que sólo yo veo. Lo esencial es que he llegado hasta aquí.

Tras la perspectiva de un futuro imprevisible, nunca seré el mismo. El nuevo neurólogo que he visitado ha sentenciado que no es Esclerosis Múltiple  pero que importa, si mi situación no ha cambiado nada. La verdad, en el fondo veo una luz en el fin del túnel que puede transformarse milagrosamente en una cura o regresión.

He esquivado ciertos abismos pero también he caído en unas graditas simples. No me siento bendecido tampoco maldito. Simplemente me toca llevarla. Claro que no lo he logrado solo. Muchas personas me han ayudado, a veces sin saberlo, a incorporarme y continuar con esta realidad.

En suma, la pregunta no tiene razón de ser. Saber llevar lo inevitable, distinguir la belleza y ganar un poco de sabiduría es lo que interesa.

01 diciembre 2011

Terapia


<Pastel y crayola sobre papel, 8 x 11">

Todos los viernes, un grupo de amigos nos juntamos en torno de una mesa. Pero no es cualquier mesa, es la mesa del Dominó. Es un escenario que tiene sus propias reglas. Generalmente, llegamos de 5 a 7 aleros. Somos 4 jugando y a veces hasta 3 esperando. La mesa toma vida, salen dos, entran dos. Nos degladiamos para mantenernos en ella.

No se apuesta nada, no se habla, el juego es mudo, entretanto, se conversa sobre todo. Un clima de cordialidad invade el ambiente. Todos nos conocemos, algunos llevan más de dos décadas con el mismo ritual. Muchos ya dejaron este mundo y juegan en medio de las nubes. Casi todos, ex rotarios.

La mesa es de vidrio templado color bronce, de 1.00m x 1.00 m aproximadamente y  1/2” de espesor, aguanta el impacto de las fichas de marfil. Sí, las fichas no se colocan, se estrellan. El juego no tiene nada de pasivo. Las fichas se piensan, se acarician y se estampan con firmeza en el laberinto que avanza en la mesa.

Se bebe y se fuma. Ron, cerveza, cola y agua es lo que inunda el ambiente. Todos fumamos, cigarro y puro. Los cigarros se intercambian con los ceniceros, en una mesa que todo encaja perfectamente: las fichas, los apoyos de las fichas, hechos en madera de laurel, los ceniceros de vidrio cargados de colillas, los cigarros, la bebida de cada uno y la libreta para anotar los puntos.

Hacemos bromas, se grita, se vocifera, se putea. De la estrategia no se menciona nada, al menos aparentemente. Se colocan los asuntos en día, se hacen negocios, hablamos de todo.

El juego no tiene nada de infantil, no es sólo de poner el número que está en las puntas. Es lleno de estrategias, reglas, puntos y cálculos matemáticos. Las fichas se cuentan,  se intenta hacer pasar al adversario y ayudar a tu compañero cuando él es mano. Todos excelentes jugadores,  de campeonato, algún día los alcanzo.

A la hora de la cena, hacemos una pausa y compartimos los alimentos. Degustamos la comida, hecha por alguno de ellos. Costillas de cerdo, camarones al curry, churrasco, cada viernes es un menú gourmet. La mejor manera de crear comunidad es celebrar la comida. Eso hacemos.

Al final, después de casi 8 horas jugando, partimos a casa con el espíritu en paz. Esto para mí es una terapia.

30 noviembre 2011

C'est la vie


Centro de visitantes de Trujillo, Honduras
Papel verge, 11 x 18", lapiz de color


Hoy me puse a pensar en las vueltas que da la vida. Aprovechando las elucubraciones sobre mi cumpleaños. A veces ésta nos quita las cosas sin querer, inmediatamente pensamos que es injusta y nos olvidamos que sin la ayuda de ella, no seríamos lo que somos. La mía está tapizada de momentos felices.

Me recuerdo que había una frase que oía en el radio, cuando iba a trabajar, “nada es para siempre” y quedaba haciendo eco en mi mente. Todo, inexorablemente, tiene su fin: desde la felicidad absoluta hasta lo más molesto y doloroso.

Reflexionando sobre la vida, me di cuenta que no sólo crecí un año más, que aumenté unos centímetros más de abdomen también, sino que veo una realidad donde la amistad juega un papel crucial en el sentido que le doy a ella. Lo más interesante es que el sentido a la vida lo estoy sintiendo a través de un vendaval emocional.

Vivir el presente sigue siendo la fórmula para enfrentar el día a día. Disfrutar cada momento de felicidad. No sabemos cuánto dura, ni cuanto es dura la vida. Con tres años de EM, siento que me he tornado más sensible, no puedo ver una película agua con azúcar porque se me baja la insulina. La vida, cuando no es fácil, los gestos de los amigos, los verdaderos amigos, se vuelven como un antídoto contra los nubarrones que amenazan nuestro horizonte. A ellos, gracias.

18 noviembre 2011

Sombras


Sólo pensaba en aquel joven de diecisiete años, ex compañero de mi hija, que se quitó la vida. Por alguna razón, que la propia razón desconoce, saltó en lo oscuro y se llevó el secreto que hoy atormenta a su familia.

Intento refrescar mis pensamientos a cada instante, aprovechando mi inseparable soledad metafísica. Hago números pero las cuentas no me salen: voy a cumplir 48 años, serán 3 años de mí diagnostico oficial, 5 años de sentir los síntomas de la EM y 1 año en silla de ruedas.

Mis pensamientos continúan intactos, mis fantasias siguen vírgenes y mis deseos no han cambiado. Mi cuerpo usa la silla de ruedas, pero mi alma ni siquiera cojea. Juntos, cuerpo y alma, caminamos por la vida buscando la serotonina diaria que me ayude a mantener la llama encendida que da vida a la vida. Gracias a Dios, no estoy solo.

Me dejo llevar por la insustentable leveza del perfume etéreo de la realidad, esquivando meteoritos o lluvias siderales de problemas, serpenteando rayos y tormentas solares. Pero mi mente me dice que en el horizonte sideral hay un punto infinito al que debo llegar, a mi ritmo, sin premio de llegada.

Mismo que navegue en los rápidos rios del universo, entre las márgenes de lo posible y lo imposible, a veces a la deriva y otras en completo dominio de mi balsa, cargada de esperanzas y buenos recuerdos, gano aire al lanzar por la borda el lastre de los rencores y pesimismo, que se niegan a abandonar mi embarcación.

Percibo que periódicamente se avecina una gran tormenta, acepto que en muchas oportunidades me dejo llevar por la corriente, quedo agotado y sin fuerzas. Sin embargo, duermo y sueño que tengo fe, luego me despierto con los susurros de la esperanza.


Só pensava naquele menino de dezessete anos, um ex-colega da minha filha, que se suicidou. Por alguma razão, que a própria razão desconhece, pulou no escuro e levou consigo o segredo que atormenta  a sua família hoje.

Eu tento atualizar meu pensamento a cada momento, aproveitando  a minha  inseparável metafísica solidão. Faço contas mas os números não pegam: vou fazer 48 anos, 3 anos do meu diagnóstico oficial, 5 anos que sinto os sintomas da EM e 1 ano na cadeira de rodas.

Meus pensamentos ainda estão intactos, minhas fantasias ainda são virgens e os meus desejos não mudaram. Meu corpo usa uma cadeira de rodas, mas minha alma nem sequer manca. Juntos, corpo e alma, caminhamos pela vida à procura da serotonina diaria para me ajudar a manter a chama acesa que dá vida à vida. Graças a Deus, não estou sozinho.

Eu sou impulsionado pela leveza insustentável do perfume etéreo da realidade, esquivo meteoros e chuvas de problema siderais, raios e tormentas solares. Mas minha mente me diz que no horizonte externo tem um ponto infinito, que devo chegar, ao meu próprio ritmo, sem premio de chegada ou beijo de namorada.

Mesmo navegando nas corredeiras do universo, entre as margens do possível e o do impossível, às vezes à deriva, às vezes em completo controle da minha jangada, cheia de esperanças e boas lembranças, ganhando ar para jogar fora o peso do rancor e pessimismo, que se recusam a deixar o meu caiaque.

Sinto que, periodicamente, tem sempre uma grande tempestade chegando, eu concordo que em muitas ocasiões, me deixo levar pela corrente, fico exausto e fraco. No entanto, durmo e sonho que tenho fé, então acordo com os sussurros da esperança.

03 noviembre 2011

Mentira


Con la creatividad de los políticos de turno, no está lejos el día que comiencen a cobrar impuesto para usar las sillas de ruedas. Seria por cada metro recorrido en las calles, porque en las aceras sería imposible, estarían llenas de carros estacionados, parados por falta de dinero para el combustible, o por la falta de gasolina en el mercado. En las calles dividiríamos el espacio con los caballos y las carretas. 

Pero, para qué pensar en el futuro? Se imaginan lo que harán con este país? No soy fan del género terror. Cada vez más me doy cuenta de que somos una cosa abstracta. Siempre surge un político para traducir nuestras pretensiones, claro, a su imagen y conveniencia.

Reducido a mi esclerosis y a las deudas, sigo el consejo los buseros: “todo en la vida es pasajero”. Cierro mi corazón con más cuidado que las puertas. Ya nada me interesa más. Bien sabemos, estimado lector, que todo se vuelve una mentira. La Policía, la Fiscalía, el Gobierno. Están presentes, sin embargo, son un mero recuerdo, también se volvieron abstractos.

29 octubre 2011

Pantagruel y la EM

Actualmente, entre las cosas que hacen mi vida más alegre, la comida, quizás, encabeza la lista. Si de mí dependiese, la gula y la lujuria serían eliminadas de los siete pecados capitales. Las razones son inconfesables y es que están relacionados entre sí. El puente entre estos dos vicios son los afrodisíacos. Los demás pecados, avaricia, ira, soberbia, pereza y envidia, son digamos metafísicos y envuelven mucha malignidad.

Comer depende más del cerebro que del aparato digestivo. He escuchado decir que se tarda 20 minutos el estómago, en avisar al cerebro, que ya está satisfecho, pero en mi caso creo que se tarda más, puedo comer y saborear la comida durante horas. No como más por pena.

Kilo por kilo y mi silla de ruedas, van aumentando la circunferencia de mi abdomen, que un día ya fue plano. Pero no me refiero a tragar o masticar con compulsión, sino, a degustar y descubrir los misterios de disfrutar los alimentos con nuestros amigos y nuestra familia.

Reunir personas allegadas en vuelta de una mesa para celebrar la comida es realmente una ceremonia. Puede estar la mesa cubierta por un mantel de plástico o por uno de damasco almidonado, con servilletas de papel o de lino, vasos desechables o copas de cristal, siempre será un momento sublime y placentero para disfrutar con todos los sentidos.

Cómo no saborear la textura incomparable del paté de hígado, la sensualidad del carpaccio de salmón y el bouquet del café? Me parece que además de cocineros y gourmets deberían existir los degustadores, responsables de elevar el paladar a un nivel aristocrático.

Un banquete pantagruélico no necesariamente es hecho por alguien que se coloca ese gorro histriónico o por un pseudo-gourmet, basta impregnar la cocina con el placer de la velada, con la afinidad de los comensales y con conversaciones animadas para disfrutar del ágape.

No me refiero a esos chambones ataviados con un delantal, que se declaran expertos y que con grandes ademanes hacen una mezcolanza de ingredientes sacados de una lata, sino a los que escogen amorosamente los ingredientes más frescos y sensuales, que los preparan con arte y cariño y los ofrecen como un regalo para los sentidos y el alma.

Así como la gula se relaciona con la lujuria, el gusto camina de la mano con el olfato. Son inseparables. Existe una fragancia más intensa y misteriosa que la del café? Nuevamente, accionamos primero nuestro cerebro antes que el estómago. Cómo olvidar esas viandas evocadas por el aroma y la nostalgia, tan potentes a veces, que derriten mis lágrimas.

A pesar de las centenares de recetas publicadas en los diarios, en el Internet, en la TV y en cientos de libros de cocina,  existe muy poco escrito sobre el sentido del gusto. Es un ente con vida propia, un fantasma invocado que abre una ventana en la memoria y que nos conduce a través del tiempo.

Una comida ideal es aquella que, rodeada de convidados afines y dispuestos a deleitarse, comienza con la obertura de un delicioso couvert, seguido notas suaves en crescendo de una sopa, pasando por fanfarria del plato principal y culminando con los dulces arpegios de la sobremesa. Sí, porque a mí me gustan las historias con final feliz.

No estoy de acuerdo en que el sufrimiento físico sea provechoso para el alma, por eso no niego el placer que me provoca compartir los alimentos, ya sea con mi familia, mis amigos y compañeros del dominó.

Así, a través de la comida, puedo acceder a un estado superior de conciencia donde mis limitaciones físicas quedan reducidas a un plano meramente secundario, trivial.

13 octubre 2011

Condenado a soñar

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Ya estaba por acostarme y bebí mi media botella de agua, antes de hacer mis oraciones y leer mis 30 páginas del libro de turno. Estaba un poco cansado e fatigado, subir 24 gradas no es fácil! Mis movimientos eran lentos pero felices.

Me detuve por un momento a pensar y mi vejiga me interrumpió obligándome a ir al baño para liberar las corrientes hidráulicas corporales, pero antes, DaVinci, mi perro, me exigió que le rascara el cuello. Una vez que logró mi atención volvió para abajo de la cama.

La presión hidrófila me recordó que la cita con el vaso sanitario era perentoria. Como siempre, me apoye en el andador, en el contramarco de la puerta y en el mueble del lavabo, me bajé el pijama con movimientos cada vez más rápidos y precisos, dignos de un James Bond.

No se admiten errores de cálculo o de sincronización, la tapa debe estar arriba, siempre, ya está calculado así. El esfuerzo fue compensado, la tensión bajó, la misión fue un éxito, felizmente no pasó al recuerdo.

Volví a mis barras de apoyo improvisadas y paré en la ventana del cuarto. Espié la luna e intenté visualizar Bellatrix, Rigel o Betelgeuse, pero el cielo se negaba a quitar su velo. La brisa me propuso que cerrara las celosías. Unos pasos más y estaba en la cama. Le di a mi esposa un beso de buenas noches y los acordes de Morfeo, hijo de Hipnos y Nix, comenzaron a sonar.

Casi inmediatamente, mi silueta en el lago de adormideras comenzó a dibujarse. A medida que huyo de la realidad me voy dando cuenta que sigo buscando mi trono. Escucho música serena, tranquila y placida, como suaves acordes de teclas de marfil de un piano de cola.

Veo la música y oigo los colores. Mi alma se desgarra de la topia del cuerpo. La melodía hipnotiza todo el ambiente y me veo en plena actividad aeróbica, de repente todo vuelve a ser como era antes, cuando estaba sano. Mantengo la sensación por un momento, como un diapasón, y me aferro fuertemente a ella.

Mi corazón late cada vez más fuerte y voy quedando atrapado en la realidad de un sueño o en el sueño de la realidad. Soy un rey sin trono o un esclavo condenado a soñar?

01 octubre 2011

Otoño

Catedral de Tegucigalpa0001
Catedral de Tegucigalpa. Homenaje a la ciudad en su 433 aniversario

A partir del 23 de septiembre en el hemisferio norte, cuando ocurrió el equinoccio, entramos en la estación astronómica del otoño. El otoño es la estación dorada del año y también es la época en que  dejamos de ser jóvenes y declinamos hacia la plenitud de la vejez. Prematuramente, a las puertas de mis cincuentas ya me encuentro en el otoño de mi vida.

No sé por qué, siempre tengo la sensación de estar siempre en medio de una tormenta, asegurando puertas y ventanas para que el viento no arrase con todo, absolutamente todo dentro de mí.

Crecí sabiendo que la vida era dura y que ante los problemas no cabe sino apretar los dientes y seguir adelante. Me di cuenta que la felicidad permanente es una cursilería, que al mundo se viene a sufrir y aprender. Menos mal que el hedonismo aprendido en Brasil suavizo estos preceptos.

Nunca falta el drama en mi vida, lo que me ayuda es mi memoria selectiva para recordar lo bueno, un poco de prudencia lógica para no arruinar el presente y una dosis extra de optimismo desafiante para encarar el futuro.

El deseo de libertad de movimiento hace que mi alma intente inconscientemente alcanzar el éxtasis divino por algún camino expedito o al menos escapar de la grosera realidad de este mundo.

Lo que pretendo es tener práctica espiritual para deshacerme de todos los sentimientos negativos que me impiden “caminar” con soltura, transformar el desánimo en energía creativa y la culpa en la aceptación de mis fallas, quiero barrer con la arrogancia y la vanidad.

No me hago ilusiones, nunca alcanzaré el desprendimiento absoluto de los bienes materiales, la auténtica solidaridad o el estado de éxtasis de los iluminados, no soy santo pero puedo aspirar a la alegría de una conciencia limpia y obtener el don para compensar mis limitaciones físicas: tenacidad para lograr objetivos inalcanzables.

Mar adentro

 

eutanasia

Acabo de ver la película española “Mar adentro” (2004) dirigida por Alejandro Amenábar y protagonizada por Javier Bardem. Todos los elogios y premios recibidos no son exagerados. La obra recibió 14 premios Goya, dos premios en los Premios del Cine Europeo, Gran Premio del Jurado y la Copa Volpi al mejor actor (Javier Bardem), que interpreta a Ramón Sampedro. La lista de premios no termina aquí, recibió un Oscar, un Globo de Oro y un Independet Spirit Award, los tres en la categoría de mejor película extranjera.

Mar adentro narra la historia real de Ramón Sampedro, un español que quedó cuadripléjico después de un accidente cuando se zambullía en el mar. Durante 29 años fue atendido por su familia y luchó por el derecho a "morir con dignidad".

Llevó su caso ante los tribunales españoles en 1993 para lograr la legalidad de la eutanasia, pero su petición fue denegada. Se desarrolla entonces todo un debate sobre el tema con la participación de la Iglesia, la familia y las leyes.

La película de Amenábar es de una calidad narrativa suprema. Una de las escenas antológicas es cuando aparece la figura de la Iglesia, representada por un sacerdote también tetrapléjico, que decide visitar a Sampedro. Las escaleras al segundo piso, donde vive el protagonista, son muy estrechas y no permiten que la silla de ruedas del padre pueda pasar. Los dos se comunican a través de un seminarista, que corre de un piso a otro haciendo un álbum con expresiones faciales, a veces tensas, a veces ansiosas, pero siempre confusas, como si fuera a hundirse en una profunda crisis existencial y religiosa. Terminan, el sacerdote y Sampedro, hablando a gritos y sin mediación, bajo el silencio absoluto de la familia de Sampedro y la mirada atónita de los seminaristas.

Julia, abogada que se hace cargo del caso de Ramón, trata de llevar la discusión y la legitimación de la defensa en un plan racional, de forma individual y no dogmática. Julia es también el canal entre la vida y la poesía. Escriben un libro juntos, fuman un cigarrillo entre ambos, se desdoblan entre fantasías sexuales imposibles, deseos, frustraciones y la muerte como una meta.

Momentos de tensión, momentos tiernos, la imposibilidad del movimiento, la esclavitud de la familia y el buen humor están delicadamente bien dosificados.

“Mar adentro

Mar adentro

y en la ingravidez del fondo

donde se cumplen los sueños,

se juntan dos voluntades

para cumplir un deseo,

tu mirada y mi mirada

como un eco repitiendo sin palabras

más adentro, más adentro,

hasta el más allá del todo

por la sangre y por los huesos

pero me despierto siempre

y siempre quiero estar muerto

para seguir con mi boca

enredada en tus cabellos”

10 septiembre 2011

3 meses

crisis-es-vida

Hoy se cumplen 90 días del trasplante de células madre.

Todavía espero pero no desespero.

Inquieto estoy y quieto permanezco.

Miro por aquí, por allá, atrás, adelante y pienso que esto no sucederá eternamente.

Aunque ya no lo so-porto, me porto bien.

Será cuestión de tiempo? Solo el tiempo lo dirá.

No hay avances de la EM, tampoco avances en la movilidad.

Nadie cede, yo tampoco.